miércoles, 11 de abril de 2012

Niña de su casa

Los conceptos cambian con el tiempo y para muestra un concepto que a trascendido décadas.

NIÑA DE SU CASA (SIGLO 20 o antes)
Persona controlada por su madre, quién en la mayoría de los hogares era ama de casa por obligación y no por decisión.

Le enseñaban todas las formas "correctas" de mantener un hogar, desde su limpieza, orden, cuidado general, lavar, planchar, cocinar, etc.

Su vida se veía controlada desde que ponía un pie fuera de la casa y sólo salía al colegio, las visitas debían ser solicitadas con permisos y con gran tiempo de anticipación, los enamorados eran prohibidos, por ende en muy ligeros casos, eran secretos.

Al finalizar la escuela eran pedidas en matrimonio o asistían a cursos de costura, bordado, para estar a la espera del hombre que la despose.

NIÑA DE SU CASA (SIGLO 21)
De pequeña pide permiso para salir y conforme crece se convierte en una notificación.
Llega a su casa a dormir, en el mejor de los casos.


===
Recuerden seguirme en twitter: @caminosclaros y hacerse fan de lo que comparto a diario en Facebook


martes, 10 de abril de 2012

Cigarrillos (3) de 20 a 0

En el fondo, tenía una voz que me decía, déjalo, gastas dinero que te puede servir para cosas más útiles.

Una vez conocí a un chofer de camiones en un viaje, era de Canadá, "la única razón por la que estoy hoy aquí, es porque dejé de fumar hace 1 año y decidí ahorrar lo que fumaba a diario", resultado: dos semanas en un resort en el Caribe.

Pero, no, para mí no era suficiente, con el tiempo me inventé la anécdota de que mi siguiente enamorado debía ser no fumador y que si fuese él con quién me casaría, nuestra casa sería libre de humo.

Al parecer el destino, Dios, las energías o en lo que crean actúa siempre sabiamente y de acuerdo a lo decretado, se realizó.

Dejé el cigarrillo después de casi 9 años. De los cuales estoy segura que 20 al día me fumaba los últimos 5 años. 10 al día los 3 anteriores a eso y hasta 3 al día los primeros 2.  Sin contar el dato aberrante de los fines de semana, que estoy segura siempre fueron 40 los comprados (porque brindaba). Me aterra pensar en la matemática de cuánto dinero quemé y cuantas vacaciones en el Caribe me perdí.

Pero lo que pasa es que no es el dinero, no es la conciencia, para este caso, lo que a mí me sirvió, fue sólo la volutad de cumplir con mí compromiso.

En mi caso un compromiso de amor, si nos queremos poner románticos, pero es un compromiso, una promesa a un hijo, un compromiso con uno mismo, con el mundo, con nuestro ambiente.  Comprometerte con algo que realmente es importante para ti, sin que tengas opción a defraudarlo, pedirle fuerza a tu voluntad, al cosmos a Dios, de que no te fallen las ganas hoy para cumplir con tu compromiso.

Me despedí del cigarrillo y muy dramática yo, me fumé el último viendo al cielo y conversando conmigo misma, pidiendo fuerza de que lo que siempre decía "yo fumo porque me gusta", sea olvidado y así fue.

Al día siguiente, alguien fumó a mi lado y tosí como alérgica, asqueada totalmente. Huía de los fumadores, porque la "pestilencia" era terrible y cada vez que lo olía, me decía "¡qué asco! ¿así habré olido yo?" y claro la respuesta era MÁS que obvia, si de seguro fumaba más que esa pobre criatura a quien criticaba.

Un par de veces me ví tentada a faltar a la promesa, por ver desde lejos a los fumadores, que  me traían recuerdos de cómo pasarla mejor en lugar aburrido, pero cuando estuve a punto de fallarme, encendieron un cigarrillo cerca de mi y el humo entró directo a la garganta, recordé ese primer cigarrillo que me fumé a los 19 años y el primero que fumé después de los 4 meses de haberlo dejado, el sabor, amargo y un tanto nauseabundo, para nada agradable, me mareé de lo lindo, me dolió la cabeza y viré los ojos mostrando desagrado, prueba suficiente para evitar el fallo.

Pero superadas esas etapas, ¿qué pasaba con mis sueños?, soñaba que fumaba y en ese mundo paralelo, el trato era que si estaba aburrida podía por lo menos fumarme uno o dos cigarrillos de vez en cuando, me despertaba aterrada de que eso realmente había sucedido y con la culpabilidad de haber fallado a mi compromiso, hasta que un día dije, tengo que dejar de fumar en mis sueños también y comprobé nuevamente la teoría del que quiere realmente puede, salía a un reunión (en mi sueño) y me ofrecieron un cigarrillo y dije "no ya no fumo" "¡cómo pero si hace poco te vi fumando!" "estás en un error, yo no fumo ya hace casi 4 años" y cuando el sorprendido intentó seguirme para decirme que ahí sí podía fumar, le di la espalda y lo desaparecí de la reunión.

Para las personas que creen que el cigarrillo es una adicción, les recomiendo que empiecen por recordar que tuvieron una vida antes de fumar, en donde no necesitaban de una cobarde adicción que determine sus necesidades, ni sus decisiones, ni sus estados de ánimo, ni sus emociones, ni sus hábitos, amputen el cigarrillo, no es más que una mala prótesis, colocada en un lugar innecesario, liberen sus dedos, su boca, su lengua, sus papilas gustativas, su tráquea, su esófago, sus pulmones, su torrente sanguíneo, sus riñones, su hígado, su cerebro.  Todo siempre ha podido funcionar sin ayuda y seguirá funcionando igual, si así lo desean.

Trilogía:
Cigarrillos (1)
Cigarrillos (2)


===
Recuerden seguirme en twitter: @caminosclaros y hacerse fan de lo que comparto a diario en Facebook

Cigarrillos (2) la reflexión


"Fumar puede causar la muerte".
Gran texto colocado en las cajetillas y publicidad de los cigarrillos.

Hacíamos bromas con los señores de las tiendas "me da una cajetilla, de los que no matan por favor", porque solían tener una producción antigua y por ende venían sin la etiqueta.

"¿Me regalas un cilindro cancerígeno?", se convirtió en la petición a que te regalen un cigarrillo y a sonrisa suelta.

"Dejar de fumar es tan fácil, que ya lo he hecho 5 veces" decía un amigo.

La primera vez que dejé de fumar, me duró cuatro meses y la razón fue porque el hermano de una amiga estudiaba medicina (ahora ya es doctor) y se le ocurrió contarnos que cuando iban a la morgue para practicar con los cadáveres no reclamados, la persona del lugar le decía, fumador o no fumador.  Todos sabemos lo que sucede con la piel en los dedos, la uñas de los dedos con los que sostienen el cigarrillo, tienden a ponerse amarillos al final del día, los dientes amarillos carmelitas, los pulmones, bueno ya los sabemos, negros como la noche o la nada, ¿pero qué pasa con el resto de los órganos?

Cuando la nicotina llega al torrente sanguíneo del cuerpo, queda esparcida por todos los órganos, nos contaba el doctor, que el cerebro de un fumador vs. el cerebro de un no fumador, no sólo presenta grandes deterioros, sino que revelan un pequeña capa amarillenta que es la nicotina posada en sus paredes.

Sólo de recordarlo, siento la misma revolución intestinal, como haberlo escuchado la primera vez.

Por otro lado podemos simplemente ver los colores de lo que ingerimos, frutas vs. humo, carnes vs. humo, jugos vs. humo y aunque las imágenes, los colores, los olores, siempre luzcan, sepan o huelan más apetitosos, para una persona que fume porque le gusta, o que fuma porque "lo necesita", nada será suficiente, para tomar una decisión correcta.

Por la sencilla razón de que la mayoría de los seres humanos tiene en su mente de que "esas cosas le podrán pasar a todo el mundo, menos a mí" y evitan con esa negación caer en conciencia de lo que realmente están haciendo.


Trilogía:
Cigarrillos (1)
Cigarrillos (3)


===
Recuerden seguirme en twitter: @caminosclaros y hacerse fan de lo que comparto a diario en Facebook